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La crisis fiscal de De la Espriella: los números son reales, el relato es una elección

El 13 de septiembre el presidente culpó a Petro de una crisis fiscal «al borde del precipicio». Las cifras que citó existen y anteceden a su gobierno, pero el decreto que más las agravaría en el corto plazo lleva dos semanas firmado y sin publicar.

Por La redacción de Ojo al GobiernoActualizado el

Esto es un artículo de opinión, no una ficha del registro. Las fichas solo registran hechos con su fuente; aquí se argumenta y se concluye. Los hechos que sostienen este análisis están enlazados uno por uno más abajo.

Nuestra evaluación Confianza media

El deterioro fiscal es real y en gran parte heredado, pero la «crisis» que anunció De la Espriella también justifica decisiones —el recorte sin publicar, el fondo fuera del presupuesto ordinario— que tomó su propio gobierno, no la herencia.

La evidencia se inclina hacia esta lectura, pero admite otras.

Contenido

Qué está en juego

La noche del 13 de septiembre el presidente Abelardo de la Espriella hizo una alocución para anunciar «medidas económicas de urgencia» y responsabilizó al gobierno anterior de llevar al país «al borde del precipicio» fiscal. Dio cifras concretas: 44 % del presupuesto financiado con deuda, un servicio de la deuda de $155 billones para 2027 —$55 billones más que en 2026— y un cupo de endeudamiento de 2026 «casi agotado» en los primeros siete meses del año. Gustavo Petro respondió al día siguiente que rechazaba «la acusación de corrupción» y pidió el derecho a réplica.

Lo que está en juego no es si Colombia tiene un problema fiscal —lo tiene, y lleva meses documentado en este mismo registro, desde que el Gobierno reconoció el 17 de agosto que tendría que «endeudarse más»—. Lo que está en juego es si la manera en que De la Espriella presentó ese problema el 13 de septiembre es un diagnóstico o es, además, una estrategia: una narrativa que traslada toda la responsabilidad al pasado en el momento exacto en que su propio gobierno tiene pendiente publicar el decreto de su propio recorte, crear un fondo por fuera del presupuesto ordinario y anunciar nuevo gasto regional.

Cómo llegamos aquí

El 17 de agosto, una semana después del sismo del 10 de agosto, el Gobierno reconoció el primer «descuadre»: la atención de la emergencia se financiaría con más deuda, en un país que ya superaba el 60 % del PIB en endeudamiento. Dos días después, el Decreto 1261 declaró la emergencia económica y habilitó al Ejecutivo a legislar por decreto durante treinta días; el Pacto Histórico, en su réplica del mismo 19 de agosto, propuso financiar la reconstrucción con una reforma tributaria en lugar de más deuda, y fijó ahí la línea divisoria del debate que seguiría todo el mes.

El 27 de agosto llegó la pieza central: el Presupuesto General de 2027, radicado por $634,9 billones, $59,3 billones más que el proyecto que las comisiones económicas habían devuelto en julio por insuficiente. El propio Ministerio de Hacienda lo bautizó «Presupuesto de la Verdad» y reconoció que el déficit proyectado subía de 5,3 % a 8,2 % del PIB. Al día siguiente, en la Convención Bancaria de Cartagena, el ministro Miguel Gómez Martínez anunció un recorte de $21,9 billones al gasto de 2026 y una Ley Fiscal centrada en reducir gasto, no en subir impuestos. El 1 de septiembre confirmó que el Consejo de Ministros ya había aprobado ese recorte el 29 de agosto —«no tenemos cómo pagarlo», dijo— pero el decreto que lo formaliza no se había publicado. A la fecha de este análisis, dos semanas después, tampoco se ha localizado publicado.

Mientras esa cuenta seguía abierta, el Gobierno tomó decisiones con efecto fiscal en sentido contrario. El 9 de septiembre creó, por decreto, el Fondo Patria Milagro, un patrimonio autónomo por fuera del presupuesto ordinario para canalizar donaciones y aportes privados a la reconstrucción. El 10 de septiembre propuso eliminar el límite del 30 % a la inversión de las AFP en activos extranjeros, revirtiendo una medida del gobierno Petro antes de que venciera su propio plazo de ajuste. Y el 13 de septiembre, la misma noche de la alocución sobre la crisis, el presidente anunció también que la Policía podrá entrar a universidades públicas —una medida sin costo fiscal directo, pero que comparte la misma alocución y el mismo tono de urgencia con el diagnóstico económico—. Dos días después, el 15 de septiembre, anunció el primer paquete de «victorias tempranas»: 187 proyectos por $515.000 millones en inversión regional.

El caso a favor

Primero: las cifras centrales no las inventó este gobierno, las heredó. El endeudamiento por encima del 60 % del PIB y el déficit que preocupaba a las comisiones económicas ya estaban ahí en julio, antes de que De la Espriella tomara una sola decisión de gasto. Que el diagnóstico llegue con nombre propio —Petro— no lo hace falso: cualquier gobierno entrante hereda las cuentas del anterior, y decir de dónde viene el problema es parte legítima de explicarlo.

Segundo: el propio Gobierno ha sido consistente en admitir el deterioro, no solo en denunciarlo. Desde el 17 de agosto —«nos vamos a endeudar»— hasta el 1 de septiembre —«no tenemos cómo pagarlo»—, los anuncios del Ministerio de Hacienda no maquillan el problema: lo declaran, piden un recorte doloroso y proyectan un déficit peor que el que se esperaba en julio. Un gobierno que solo quisiera un relato político podría haber ocultado el aumento del déficit; en cambio, lo radicó en un documento oficial con su nombre.

Tercero: la secuencia temporal es la que cualquier gestión fiscal seria seguiría. Reconocer el problema (17 de agosto), declarar la emergencia (19), radicar el presupuesto con las cifras reales (27), anunciar el ajuste (28) y crear los instrumentos para financiar la reconstrucción sin más deuda del erario —donaciones canalizadas por el Fondo Patria Milagro, obras por impuestos— es, en conjunto, un plan coherente y no solo un discurso.

Cuarto: la comparación internacional no es descabellada. Un servicio de la deuda de $155,4 billones que ya supera la inversión pública total ($86,9 billones) es, en cualquier manual de finanzas públicas, una señal de alarma legítima, independientemente de quién la señale o cuándo.

El caso en contra

Primero: el decreto que más urgencia demostraría lleva dos semanas sin publicarse. Si la situación fuera tan grave como se describió el 13 de septiembre, el recorte de $21,9 billones —aprobado desde el 29 de agosto— ya estaría ejecutándose con su lista de rubros públicos. Que siga sin decreto conocido dos semanas después sugiere que la urgencia retórica no se ha traducido todavía en la urgencia administrativa correspondiente.

Segundo: el propio gobierno tomó, en la misma quincena, decisiones que amplían su exposición fiscal, no que la reducen. El presupuesto que radicó es $59,3 billones mayor que el que sus propias comisiones habían devuelto por insuficiente; el Fondo Patria Milagro crea un vehículo por fuera del presupuesto ordinario justo cuando se denuncia falta de recursos dentro de él; y dos días después de la alocución sobre la crisis, el mismo presidente anunció $515.000 millones en nuevo gasto regional. Ninguna de esas tres decisiones es ilegítima por sí sola, pero las tres juntas no describen a un gobierno que esté, en los hechos, actuando como si estuviera «al borde del precipicio».

Tercero: la cifra más llamativa de la alocución —44 % del presupuesto financiado con deuda— no coincide con el desglose que el propio Ministerio de Hacienda publicó el 27 de agosto, donde el servicio de la deuda equivale al 24 % del presupuesto total. Puede haber una definición distinta detrás del 44 % —deuda nueva neta en lugar de servicio de deuda existente—, pero ninguna fuente disponible la explica, y una cifra más alta que la que el propio Gobierno había publicado antes es, como mínimo, una elección retórica.

Cuarto: culpar al gobierno anterior por una crisis fiscal es el libreto más predecible de cualquier gobierno entrante, en cualquier país, y eso no lo hace falso pero sí lo vuelve sospechoso de estar sobredimensionado. Petro respondió que rechazaba la acusación de corrupción y que su propio gobierno había manejado la deuda de forma distinta a como la describe De la Espriella; el hecho de que la respuesta no incluya cifras propias que contradigan las del actual Gobierno deja el contraste sin resolver, pero la ausencia de un tercero independiente que arbitre —una calificadora, el Banco de la República, Fedesarrollo— en esta discusión específica es, en sí misma, parte del problema: por ahora es la palabra de un presidente contra la de su antecesor.

Qué dicen los datos

Los datos verificables con fuente pública son estos: el presupuesto de 2027, radicado el 27 de agosto, es de $634,9 billones, de los cuales $155,4 billones (24 %) son servicio de la deuda, $392,5 billones (62 %) son funcionamiento y $86,9 billones (14 %) son inversión. El déficit proyectado para 2027 subió de 5,3 % a 8,2 % del PIB entre el proyecto de julio y el radicado en agosto. El ministro de Hacienda advirtió que, sin el recorte de $21,9 billones al presupuesto de 2026 aprobado el 29 de agosto, el país iría a «una crisis de pagos de proporciones monumentales» —pero, de nuevo, sin decreto publicado que permita verificar qué rubros efectivamente se recortaron.

La cifra del 44 % que dio el presidente el 13 de septiembre no tiene, hasta la fecha de este análisis, un desglose oficial que la sustente con el mismo detalle que el presupuesto de agosto. Y las tres decisiones con efecto fiscal que siguieron a la alocución —el Fondo Patria Milagro (9 de septiembre), la eliminación del límite a la inversión externa de las AFP (10 de septiembre, todavía sin firmar) y las «victorias tempranas» (15 de septiembre)— no aparecen mencionadas en ninguna cobertura como parte del mismo paquete de austeridad que anunció la alocución: son anuncios paralelos, no parte explícita del ajuste.

Los puntos ciegos

No se sabe si el recorte de $21,9 billones ya se ejecutó. Es la pieza que más pesa en este análisis y la que menos se puede verificar: sin el decreto publicado, no hay manera de distinguir entre un ajuste real y un anuncio que quedó solo en anuncio.

No hay una fuente independiente —calificadora de riesgo, Banco de la República, Fedesarrollo— que confirme o contradiga las cifras que dio el presidente el 13 de septiembre. Todo el expediente disponible depende de lo que el propio Gobierno declara sobre sus propias cuentas.

No se conoce el contenido específico de las «medidas económicas de urgencia» ni del «apoyo internacional» que De la Espriella anunció buscar. La alocución fue larga en diagnóstico y corta en medidas concretas más allá de lo que ya estaba en marcha desde agosto.

Escenarios

El decreto del recorte se publica en las próximas semanas con una lista verificable de rubros. Confirmaría que la urgencia del 13 de septiembre tuvo, además de discurso, ejecución, y fortalecería la lectura de que el diagnóstico fiscal es sincero y no solo político.

El decreto sigue sin aparecer y el Gobierno anuncia nuevo gasto —como ya ocurrió el 15 de septiembre— sin que se conozca de dónde sale. Confirmaría la lectura de este análisis: que la crisis fiscal es un relato que convive, sin resolverse, con decisiones de gasto que no responden a él.

Una calificadora de riesgo o el Banco de la República se pronuncian sobre las cifras de la alocución. Sería el primer arbitraje independiente de todo el expediente, en cualquier dirección.

El Congreso o la Contraloría exigen la lista de rubros recortados antes de aprobar el presupuesto de 2027, con plazo el 15 de septiembre para las comisiones económicas. Movería la discusión del terreno retórico al de la rendición de cuentas.

Nuestra evaluación

Los dos hechos más sólidos de este expediente no se contradicen entre sí, y eso es lo que hace este análisis más difícil que uno de bando contra bando: es cierto que Colombia tiene un problema fiscal que antecede a este gobierno, y es cierto que la forma en que De la Espriella lo presentó el 13 de septiembre sirve, además de para informar, para justificar políticamente decisiones de su propio gobierno que no se derivan directamente de esa herencia.

Lo que no se puede afirmar todavía, porque falta el dato que lo resolvería, es si el ajuste anunciado es real. Esa es la pregunta que cierra el expediente: no si hay crisis —la hay—, sino si el Gobierno está actuando en función de ella o solo hablando en función de ella mientras, en paralelo, crea fondos nuevos, desregula la inversión externa de las pensiones y anuncia gasto regional. Con lo publicado hasta el 16 de septiembre, la balanza se inclina hacia la segunda lectura, pero un decreto que hoy no existe podría cambiarla por completo en cualquier momento.

09Qué nos haría cambiar de opinión

Una opinión que no se puede refutar no vale nada. Estos son los hechos que, si ocurren, obligan a reescribir este análisis:

  1. Que el Gobierno publique el decreto del recorte de $21,9 billones con la lista completa de rubros afectados, lo que permitiría verificar si el ajuste se ejecutó como se anunció o si sigue siendo, dos semanas después, solo un anuncio.
  2. Que una calificadora de riesgo o el Banco de la República confirmen con cifras propias el diagnóstico de «cupo de endeudamiento agotado» que dio el presidente, en lugar de depender solo de las cifras que el propio Gobierno presenta.
  3. Que el «presupuesto de la verdad» y la Ley Fiscal anunciada se aprueben sin ampliar más el déficit proyectado, lo que mostraría que el ajuste discursivo del 13 de septiembre tuvo un correlato real en el manejo de las cuentas.

10Preguntas frecuentes

¿Es cierto que el 44 % del presupuesto de Colombia viene de deuda?

Es la cifra que dio el presidente en la alocución del 13 de septiembre y ningún medio ni el propio Ministerio de Hacienda la ha desmentido, pero tampoco existe todavía una verificación independiente pública que descomponga esa proporción con el mismo detalle que el presupuesto radicado el 27 de agosto, que sí desagrega el servicio de la deuda ($155,4 billones) frente al total ($634,9 billones): esa proporción, con los datos oficiales disponibles, es del 24 %, no del 44 %. La diferencia probablemente está en qué se cuenta como «financiado con deuda» —nuevo endeudamiento neto contra servicio de deuda existente—, pero ninguna fuente consultada para este análisis lo aclara.

¿La deuda y el déficit de Colombia empezaron con este gobierno?

No. El endeudamiento por encima del 60 % del PIB y el déficit que las comisiones económicas ya cuestionaban en julio son anteriores a la posesión de De la Espriella el 7 de agosto. Lo que sí ocurrió bajo este gobierno es que el presupuesto de 2027 subió $59,3 billones frente al proyecto que se devolvió por insuficiente, y que el déficit proyectado para ese año pasó de 5,3 % a 8,2 % del PIB en el proyecto que el propio Gobierno radicó.

¿Qué es el 'presupuesto de la verdad' que anunció De la Espriella el 13 de septiembre?

Es la misma etiqueta con la que el Ministerio de Hacienda ya había bautizado el Presupuesto General de 2027 radicado el 27 de agosto, por $634,9 billones. En la alocución del 13 de septiembre el presidente no radicó un documento nuevo: usó el mismo nombre para anunciar que buscará apoyos internacionales y presentará medidas económicas adicionales, sin que a la fecha de este análisis se conozca un texto distinto al ya radicado en agosto.

¿Se ejecutó ya el recorte de $21,9 billones que anunció el Gobierno?

No se sabe. El Consejo de Ministros lo aprobó el 29 de agosto y el ministro de Hacienda confirmó el 1 de septiembre que se haría por decreto; hasta la fecha de este análisis no se ha localizado el decreto publicado ni una lista oficial de los rubros recortados. Mientras no se publique, no hay manera de verificar si el ajuste que sostiene las cuentas del presupuesto de 2027 ya ocurrió.

11Fichas relacionadas

Cada una es un hecho registrado con su fuente, sin opinión. Ahí se puede verificar todo lo que este análisis da por cierto.

  1. El gobierno reconoce que tendrá que endeudarse más por el terremoto
  2. El gobierno declara la emergencia económica, social y ecológica en 15 departamentos
  3. El Pacto Histórico ejerce el derecho de réplica y propone una reforma tributaria para la reconstrucción
  4. Radica el Presupuesto de 2027 por $634,9 billones, $59,3 billones más que el proyecto devuelto
  5. Anuncia un recorte de $21,9 billones y una Ley Fiscal que, dice, no subirá impuestos
  6. El recorte de $21,9 billones se aprobó el 29 de agosto y el decreto sigue sin publicarse
  7. El Decreto 1379 crea el Fondo Patria Milagro dentro de once decretos de reconstrucción
  8. Minhacienda propone eliminar el límite del 30 % a la inversión de las AFP en el exterior
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12Fuentes y cómo citar

  1. El Tiempo. 'Saquearon al país': presidente De la Espriella anuncia medidas económicas de urgencia y señala a Gustavo Petro de grave estado financiero, 13 de septiembre de 2026.
  2. Infobae Colombia. Estas son las 10 frases más contundentes de la alocución de De la Espriella, en la que se refirió a la crisis fiscal: «Al borde del precipicio», 14 de septiembre de 2026.
  3. Infobae Colombia. Gustavo Petro e Iván Cepeda anunciaron que solicitarán réplica a la alocución de Abelardo de la Espriella tras fuertes señalamientos en su contra: «Rechazo la acusación de corrupción», 14 de septiembre de 2026.
  4. Presidencia de la República. Gobierno radica Presupuesto de la Verdad para 2027 por $635 billones, 27 de agosto de 2026.Fuente oficial
  5. Infobae Colombia. Gobierno de Abelardo de la Espriella recortó $21,9 billones del Presupuesto General de 2026: «No tenemos cómo pagarlo», 1 de septiembre de 2026.
  6. Infobae Colombia. Gobierno de De la Espriella presentó decreto que tumba medida del Gobierno Petro para traer el ahorro que tienen los fondos privados en el exterior, 10 de septiembre de 2026.

Ojo al Gobierno. «La crisis fiscal de De la Espriella: los números son reales, el relato es una elección». Análisis del 16 de septiembre de 2026, actualizado el 3 de octubre de 2026. https://ojoalgobierno.org/colombia/analisis/crisis-fiscal-relato-politico/

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